Educar por teléfono, un artículo de José Luis Calle Sosa

Educar por teléfono: El arte y los desafíos de ser escuela en época de pandemia

Por José Luis Calle Sosa

Estamos terminando el año escolar 2020. Es un año atípico y único en toda la historia educativa del Perú cuyo devenir ha sido marcado por la no presencialidad en los locales escolar y por la educación remota debido a la emergencia sanitaria por la COVID-19. Este año escolar 2020 bien podría llamarse “Año escolar de la no presencialidad por la COVID-19”. 

La educación en pandemia tuvo importantes desafíos, tales como: i) Asegurar los servicios educativos como derecho fundamental bajo las condiciones de no presencialidad para el logro de aprendizajes esenciales y el bienestar socioemocional de los estudiantes; ii)  prevenir, controlar y disminuir los contagios por la COVID-19; iii) mitigar los impactos socioemocionales de la pandemia en la salud de los estudiantes y las familias, así como en el personal docente y administrativo de las instancias educativas; y iv) el ejercicio de ciudadanía en pandemia.

Desde el momento mismo que empezamos el año escolar 2020 en modo “educación remota” bajo la estrategia Aprendo en Casa, se impuso sobre nosotros la realidad de las grandes brechas tecnológicas de comunicación que tenemos como país; brechas tecnológicas de acceso a la telefonía y a la internet, así como al acceso de equipos de celular y cómputo. Pero no son solo brecha de acceso a servicios y equipos; sino también las importantes brechas en relación a la alfabetización en el uso productivo y educativo de estos servicios y bienes de tecnología de la información y la comunicación (TIC). Además, esta brecha afecta tanto a los estudiantes y sus familias, como a los directivos y docentes de las instituciones educativas.

Hoy más que nunca se ha vivido el “somos escuela” como un tejido emergente de interacciones socioeducativas remotas entre todos los miembros de la comunidad educativa (estudiantes, docentes, directivos y madres y padres de familia), sin el sustrato físico del típico local escolar.  Por otro lado, este “somos escuela” se ha vivido desde cada hogar de los estudiantes; donde las madres y los padres de familia han cumplido un importante rol en su relación con sus hijas e hijos, en términos protectores y pedagógicos, así como de acompañamiento y soporte socioemocional. Estas interacciones remotas han estado mediadas, estructuradas y dinamizadas por la tecnología de la información y la comunicación disponibles y accesibles para estudiantes y docentes.

De acuerdo a tres trabajos de investigación sobre la educación durante la pandemia que he desarrollado en ámbitos del departamento de Piura, he podido verificar que el teléfono es el principal medio tecnológico que utilizan docentes, estudiantes y familias para interactuar y hacer realidad los procesos educativos. El teléfono es utilizado como medio para interactuar vía llamadas telefónicas y mediante el chat del WhatsApp.  Respecto al WhatsApp, su uso frecuente se da aproximadamente en el 90% de estudiantes; y el uso frecuente de las llamadas telefónicas se da en aproximadamente el 70%.  El uso de canales de internet (Zoom, Meet, etc.), apenas llega al 7%. El WhatsApp y las llamadas telefónicas hacen sinergia entre sí, pues son medios que se utilizan de manera complementaria e integrada para desarrollar los servicios educativos. Se debe tener en cuenta que después del WhatsApp y las llamadas telefónicas, otro medio de interacción pedagógica ha sido el envío de material educativo físico de los docentes hacia los estudiantes a través de algún familiar o miembro de la comunidad, cuyo uso frecuente se ha dado en aproximadamente el 15% de estudiantes.

La matriz de interacción docentes – estudiantes – familia, se ha configurado, organizado y adecuado a las posibilidades y limitaciones del WhatsApp y las llamadas telefónicas, cuya funcionalidad está dada por la cobertura del servicio de telefonía y el acceso a los servicios de internet; por la cobertura de estos servicios en los territorios, así como por el poder adquisitivo de las familias para comprar un determinado equipo de celular y un plan de telefonía con datos de internet.  Dada la realidad de la mayoría de los estudiantes y sus familias respecto a su acceso a las TIC, el equipo de celular es la principal herramienta tecnológica para acceder y participar de los procesos educativos que han sido brindados por sus docentes durante la pandemia en modo remoto. Ello, claro está, con todas las posibilidades y limitaciones de este equipo tecnológicos y los servicios de telefonía y WhatsApp.

Bajo esta realidad, el teléfono ha sido el medio que ha marcado las condiciones para planificar, organizar y desarrollar los procesos educativos de las escuelas. Y de acuerdo a las investigaciones indicadas, esta infraestructura tecnológica ha hecho que los grupos WhatsApp y las llamadas telefónicas se constituyan en las “aulas virtuales” de interacción pedagógica y socioemocional. En esta “aula” han fluido diversos servicios educativos para los logros de aprendizajes y el bienestar socioemocional de los estudiantes y las familias, tales como: i) El reforzamiento pedagógico a los estudiantes sobre la base de las sesiones de Aprendo en Casa, reforzadas con material educativo elaborado por los propios docentes, como vídeo, fichas instructivas, lecturas, etc.; ii) la evaluación de los aprendizajes, basada en la elaboración y calificación de evidencias de aprendizajes en términos de actividades de aprendizajes desarrolladas por los estudiantes desde casa; iii) el reforzamiento escolar para estudiantes que presentan dificultades de aprendizaje y rendimiento escolar; iv) el seguimiento a los estudiantes para identificar algún riesgos socioemocional y de bienestar; vi) la tutoría socioeducativa para fortalecer el estado socioemocional de los estudiantes y la salud preventiva; v) el acompañamiento a las madres y padres de familia, para fortalecer el acompañamiento y la protección de los estudiantes; vi) atención socioeducativa a estudiantes en riesgos (violencia, embarazo en adolescentes, etc.); vii) las coordinaciones interinstitucionales para la atención de estudiantes y familias en riesgo; y viii) coordinaciones para la entrega y consumo de los alimentos de Qali Warma.

Dichos servicios educativos se han organizado y ejecutado con diversa complejidad, permanencia e intensidad. Los servicios educativos más desarrollados son los directamente relacionados a los aprendizajes curriculares de los estudiantes, como son las sesiones de reforzamiento pedagógico y la evaluación de aprendizajes, así como los reforzamientos para la recuperación escolar. Y con menor nivel de desarrollo están los servicios relacionados al acompañamiento, seguimiento y atención a estudiantes y familias para su bienestar socioemocional.

Con el uso del WhatsApp y las llamadas telefónicas hay el despliegue de toda una tecnología educativa por parte de los docentes para poder compartir los contenidos de aprendizajes y ejecutar los servicios educativos. Se evidencian sus esfuerzos para definir, diseñar, producir y compartir recursos educativos, a través de vídeo, guías, fotografías, folletos, fichas de trabajo, etc. Ello también se ha generado en los estudiantes y las familias, para desarrollar y evidenciar la realización de las actividades de aprendizajes desde casa.

Dada esta realidad las fortalezas y debilidades del proceso educativo están configuradas por las posibilidades y limitaciones de esta infraestructura tecnológica que tiene al celular como el protagonista.  En cuanto a las fortalezas, los estudiantes, familias y docentes, han sabido sacar el mejor provecho a sus equipos de celular en sus procesos de interacción, siendo creativos y resilientes para elaborar e intercambiar recursos educativos, evidencias de aprendizajes y permanentes coordinaciones.  En cuanto a las limitaciones, hay que señalar que las dificultades en las familias y los docentes han hecho sinergia. En las familias, las limitaciones principales han sido el no contar con la suficiente cobertura de los servicios de telefonía, el acceso a limitados equipos de celular y dificultades económicas para acceder a un adecuado plan de telefonía. Por el lado de los docentes, los principales problemas han sido sus limitaciones económicas para tener un plan de datos de internet y las limitadas capacidades para planificar, organizar, ejecutar y evaluar sus servicios educativos utilizando el WhatsApp y las llamadas telefónicas.

Esta realidad nos presenta importantes lecciones y desafíos a tener en cuenta para dos momentos.  En primer lugar, para el momento del cierre del año escolar 2020, para visibilizar y revalorar el quehacer de los docentes en estos tiempos de pandemia; así como para revalorar el rol de las familias y los estudiantes; y cómo han hecho posible el asegurar los servicios educativos, los aprendizajes esenciales y el fortalecimiento del estado socioemocional de los estudiantes.

Y en segundo lugar, para el momento de planificación, organización e inicio del año escolar 2021. En la medida que se vislumbra que el inicio de próximo año será mixto en modo presencial – remoto es fundamental tener en cuenta la realidad presentada.  Ello implica abordar desde ya dos dimensiones para mirar al próximo año escolar: La familia y el personal docente.  Respecto a la familia y los estudiantes, se debe prever medidas de políticas públicas para fortalecer su acceso a los servicios de telefonía con internet y equipos de celular Smartphone; así como el fortalecimiento de competencias digitales y el aprendizaje autónomo y colaborativo. Respecto a los docentes, es fundamental potenciar su acceso a servicios de telefonía e internet y equipos de celular Smartphone; así como fortalecer sus competencias y proveerles de recursos y de herramientas para que planifiquen, organicen, ejecuten, monitoreen y evalúen sus servicios educativos que tienen como medio principal las llamadas telefónicas y el WhatsApp.

El año escolar 2021 no supone una nueva etapa de vuelta a la regularidad pasada. Es más bien una segunda etapa continua de educación en pandemia, que debe partir de las experiencias construidas por los actores de las comunidades educativas. Cabe preguntarse: ¿De qué manera la experiencia y lecciones de educar vía teléfono se puede capitalizar para una etapa de la educación en modalidad mixta presencial – remota? ¿Qué implica ello?

Piura, 21 de diciembre del 2020

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