El colegio virtual construido en 12 días para niños en cuarentena

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Texto: Juan Pablo León Almenara 

Desarrollo: Armando Scargglioni C.

las diez de la mañana, en una pequeña casa de la localidad de San Juan, en Iquitos, Carlos Gael está listo para su primer día de clases. Estudiar le gusta: ha esperado el 6 de abril como si se tratara de su cumpleaños. Lleva un cuaderno impecable, un libro y colores. Su uniforme, muy acorde con el clima amazónico, es un polo sin mangas de Bart Simpson y una bermuda tipo pescador. Descalzo –porque para aprender no hacen falta zapatos– toma asiento en una silla de madera con un taburete en el asiento para compensar su corta estatura.

Esta es su casa, pero desde esta hora hasta las tres de la tarde también será su colegio. La cocina-comedor con piso de cemento ahora es el salón de clase, el televisor de 24 pulgadas la pizarra, su familia sus compañeros de aula y la hora del almuerzo será el recreo largo. A esta hora del día 21 de cuarentena, la pantalla transmite lecciones sobre higiene personal y comunicación. Carlos Gael, mentón arriba, atiende absorto como alumno en primera fila.

Detrás de él, aparece su tío. Emocionado por la escena, le toma una foto al pequeño en su nuevo salón de colegio y la sube a Twitter con la frase “Mi sobrinito en su primer día de clases” junto con el hashtag #AprendoEnCasa.

La imagen se dispara en todas las redes sociales. Para el final de la tarde es compartida 10 mil veces y a la noche ya está en televisión. En menos de 24 horas, la foto de este pequeño de 5 años, cuyo nombre aún no era conocido, se convirtió en símbolo de la educación a distancia en el Perú. Ese mismo día, otros miles de estudiantes de colegio estatal lograban tener acceso a clases virtuales gratuitas por radio, televisión e Internet, en nueve lenguas.

 La hazaña
En algunos diarios del mundo aún circula la noticia de que en China se levantan hospitales en diez días. De lo que pocos hablan es que el Perú ha podido construir un colegio virtual para toda la población estudiantil en menos de dos semanas, en plena cuarentena.

Un mes antes de que Carlos Gael comenzara a recibir clases por televisión, llegó el primer caso de Covid-19 al Perú. El ministro de Educación, Martín Benavides, recibió la noticia del paciente cero cuando bajaba de un avión en el aeropuerto de Tacna, donde tenía prevista una inspección de colegios estatales de cara al comienzo del año escolar.

Todo estaba listo para iniciar clases el lunes 16 de marzo. Incluso se tenía planeado que cada ministro inaugure un colegio en una región diferente al mismo tiempo. Nadie imaginaba el escenario que hoy nos ha tocado vivir. Hasta ese momento, solo se barajaba la idea de postergar las clases algunos días.

El 16 de marzo, en cambio, se declaró el Estado de Emergencia Nacional por la pandemia. Los 54 mil colegios estatales del Perú se quedaron cerrados. Se clausuraron todas las fronteras internacionales y regionales, mientras los casos de Covid-19 ya sumaban 86 en el país.

En la casa de Carlos Gael, en Iquitos, toda la familia respetaba las órdenes del aislamiento: lavarse las manos constantemente y solo salir a hacer compras de a uno. A mil kilómetros de allí, en San Borja (Lima), en la única reunión presencial que ha tenido el ministerio durante la emergencia, se decidió que la ruta para iniciar clases era a través de un mecanismo de educación 100% a distancia. “Era un todo o nada”, recuerdan algunos asesores del despacho.
La decisión fue crear un sistema de enseñanza remota por televisión, radio e Internet que llegue a todos los hogares del país y que los profesores –en cuarentena– monitoreen el desempeño de sus alumnos. La página web debía tener la capacidad de soportar a dos millones de alumnos al mismo tiempo sin colapsar. Un programa de radio significaba traducir guiones a 9 lenguas. Tener un espacio televisivo representaba movilizar a todo un equipo audiovisual en cuarentena. Las horas corrían. Mientras tanto, en Loreto, donde vive Carlos Gael, los casos de Covid-19 se duplicaban cada 24 horas.

En una segunda reunión ministerial –esta vez por video llamada–, se sumaron al objetivo ejecutivos de Google, Microsoft, Khan Academy, Cisco, universidades y el Instituto Nacional de Radio y Televisión (INRT). Incluso las empresas de telefonía aceptaron liberar el dominio de la web para evitar que consuma datos o requiera Wi-Fi. Eso explica por qué la plataforma Aprendo en Casa no cuesta nada.

 
 Señal abierta

Solo tenían 12 días para producir un programa de televisión, “algo que suele demorar de tres hasta cinco meses en hacerse en condiciones normales”, dice Jesús Solari, gerente de televisión del INRT. ¿Cómo lograrlo en un Estado de Emergencia y en un ministerio que no tiene un canal, ni sets, ni micrófonos ni salas de edición?

Los trabajadores del Minedu, muchos de ellos varados en provincia, escribieron guiones de televisión en maratónicas jornadas de 16 horas y en total aislamiento. Los escritos se enviaban a curadores para adaptarlos a un lenguaje claro para la pantalla chica.

Los mismos guiones que se escribieron para la televisión se adaptaron a la radio. Más de 30 emisoras ofrecieron su apoyo para transmitir en alguna de las lenguas originarias: quechua collao, quechua chanka, quechua central, aimara, shipibo, ashaninka, awajun, yanesha y shawi.

El Estado de Emergencia obligó a grabar en maratónicas jornadas de 16 horas para no incumplir el horario de aislamiento.Se empezó a grabar en un set prestado por TV Perú el miércoles 1 de abril, cinco días antes del estreno, con estrictos protocolos de higiene. Antes del horario de inmovilización total, las imágenes de video iban casa por casa hasta los editores. En las noches ‘rotaban’ el material audiovisual a los animadores, ilustradores y posproductores. Algunos programas educativos extranjeros, como Plaza Sésamo (México) o Paca Paca (Argentina) cedieron sin costo sus derechos de transmisión para alimentar el programa con más contenido educativo.Algo parecido ocurrió con la página web de Aprendo en Casa. Los programadores lograron que la plataforma sea ligera para poder llegar a zonas sin banda ancha, pero sin que deje de ser atractiva para niños y adolescentes. Terminó siendo como un colegio de verdad: uno ingresa, recorre los niveles educativos hasta encontrar el suyo, elige el grado y entra a clases. La plataforma arroja un cuadernillo de teorías y actividades, y el usuario complementa el ejercicio con videos y audios.

La radio llega a zonas que ninguna otra señal alcanza. Los guiones de Aprendo en Casa se tradujeron a 9 lenguas originarias para este medio.

 El vacío educativo se había podido llenar. El 6 de abril, alumnos de 54 mil colegios tuvieron acceso clases sin salir de casa. TV Perú obtuvo 15 puntos de rating durante la franja escolar de la mañana, siete veces más que en días normales. La plataforma web registró el ingreso de 1,8 millones de usuarios. La radio llegó a aquellos rincones donde ninguna otra señal llega.

Mientras Carlos Gael prende su televisor en Iquitos para un nuevo día de colegio, una niña sintoniza Radio Nacional a unos metros del mar de Tumbes y dos hermanitos cusqueños teclean www.aprendoencasa.pe Pueden estar a miles de kilómetros de distancia, pero se siente como si compartieran el mismo salón, el mismo profesor y las mismas tareas. Sin emergencia que detenga el aprendizaje.

Tomado de El Comercio

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